17 febrero 2007

EL REMOJÓN DE CÓNCHAR














































































































































































































































































































































































EL REMOJÓN DE CÓNCHAR

Para quienes lo conocen saben que, no es ningún cerro, paraje, ni ningún tipo de accidente geográfico; para quien no, tiene la oportunidad y la excusa perfecta para echarse a la naturaleza, mochila a cuestas, y después de un grato paseo por el Valle y a la carta, terminar, entrando por la puerta grande a degustarlo en el Bar Casa Rosa, situado en la Placeta de Dúrcal en la localidad de Cónchar. ¿Qué de qué se trata...? Pues naturalmente del típico “salpicón conchúo” como también le llaman sus habitantes; “ensalada de invierno” que a base de ingredientes tan sencillos y naturales como el bacalao (asado), naranja, olivas, tomate seco (orejones), tomate natural (triturado), cebolla, ajo y pimentón, nos pone el paladar de vuelta y media para arriba y apuntando hacia abajo y con sólo mirarlo.
Hacia él nos dirigimos nosotros, hoy sábado, para volver a degustarlo, con mesa reservada por anticipado ya que el Bar es muy pequeño y el domingo lo tenía Rosa reservado.
Aunque la mañana comenzó lluviosa en Granada, nada de nada, que el agua no nos amedrentaba, porque allí habría buen vino mosto, tan característico y famoso de estas tierras, para contrarrestar todo lo que por fuera nos mojara.
Nuevamente tomamos la Autovía a Motril, la A-44 para ser más exactos, abandonándola por la salida 153 con dirección a Cónchar; población que junto con Cozvíjar componen el municipio de Villamena y cuyo Ayuntamiento formado allá por 1974, se constituyó y organizó anexionándose estos dos pueblos administrativamente.
Cónchar está en el Valle de Lecrín, una comarca a medio camino entre Granada y Motril. Limita con el Temple, Sierra Nevada y la Alpujarra. Está enclavada en una zona montañosa y preferentemente agrícola, con predomino del naranjo, olivo, almendro, vid, granado y productos de la huerta.
A una distancia de Granada de 30 Km. y a 40 de la costa, de su cercana Motril, es ideal para la práctica del senderismo y el alojamiento rural.
La marcha la iniciamos en la parte baja del pueblo, sobre el puente del río. Ya sólo es seguir la vereda que en sus primeros pasos discurre entre paratas de labor, almendros, naranjos, limoneros, granados y chumberas y que pronto nos desciende al margen derecho del río Dúrcal. La vereda, a continuación, se cierra un poco entre abundante vegetación de ribera y prácticamente se trata de continuarla ya convertida en senderillo y que sigue por dicho margen derecho del río, y dándole la enhorabuena al Ayuntamiento o a quien corresponda porque lo han limpiado de maleza, atravesando este hermoso y frondoso paisaje que se respira, y que continúa posteriormente entre grandes cañaverales que también han horadado sus entrañas para poder salvarlos sin tener que dar tanta vuelta (antiguamente esta opción estaba vedada al no poder transitar por ellos).
Dicho sendero, que primeramente salva el río a través de un puente sobre vigas de hormigón, pasa sobre el mismo, en varias ocasiones más, sobre otros más naturales, hechos a base de troncos de madera. Al poco, la senda asciende hasta la Acequia de los Arcos; canal de riego que fue construido por los musulmanes y que para salvar el importante desnivel conque se toparon sobre el terreno, lo soportaron sobre los arcos que inventaron para su acometida. Destacar que aún sigue en funcionamiento y que adorna además un bonito paraje en donde la hiedra, musgos y líquenes, y el verde propio de esta naturaleza, se han apoderado de piedras, rocas y álamos debido a la abundancia de agua que por aquí se derrama.
El camino ahora es la mismísima acequia mencionada y que tras abandonarla tras un pequeño destrepe de rocas a modo de insignificante traba en el camino de los pasos, nos deja en una vereda más cómoda; y de lleno de nuevo, sobre este paisaje tan característico que inunda y refresca todo el Valle con su siluetas y corazones: naranjales y limoneros como rellenando el horizonte y haciéndonos compaña.
Vereda que nos acerca hasta Melegís, observando sobre el camino, antes, las ruinas del Castillo de Murchas o Castillo de Lojuela a nuestra izquierda y el único exponente de la época del califato sobre el Valle de Lecrín y levantado en lo alto de una suave colina; para hacer, sobre la marcha, esa parada de refrigerio y que ya nos pedía el cuerpo como apuntándonos hacia adentro.
Pero antes, cruzamos el río Torrente, introduciéndonos en el pueblo; dejamos atrás su bonita Iglesia y el grandioso y centenario olmo que hay frente a ella (al que aquí le llaman por cinco veces centenario) y que la custodia. Y allí, en el Restaurante Los Naranjos, paramos haciendo el stop obligatorio para esa pequeña cata de mosto, con su buena tapa incluida, y gentileza de la casa.
Tras este pequeño paréntesis nos volvemos sobre nuestros propios pasos y en el primer cruce de caminos, que dejamos a nuestras espaldas anteriormente al acercarnos a esta bonita localidad, tomamos el de la izquierda y que tras un pequeño esfuerzo coronamos su cielo y con destino puesto en el GPS: Cónchar, hacia el Remojón.
No sin antes ascender hasta un hermoso collado y cuyas vistas, al frente y atrás, las dejamos con todos sus pueblos como estaban: en su sitio y con esa pequeñez como regalo y grandeza hacia el paisaje. A nuestras espaldas: Pinos del Valle, Melegís y Restábal. A nuestra derecha, según el sentido de la ascensión primero: Lecrín y Murchas. Y ya sobre el collado: al frente Dúrcal, con sus Buitreras detrás, y la Sierra del Manar de telón de fondo. Lástima que hoy también estuviera nublado y chispeando para no tener las de Sierra Nevada enmarcadas y con su traje de novia más amplio: ese blanco y blanco, como tirando a terciopelo empapado.
Ya sólo era seguir el camino carretero de tierra en el que nos deja la vereda y que nos acerca hasta Cónchar. Y que, tras el remojón, el puchero de hinojos y el arroz con carne, nos sabe a gloria rodeada de naturaleza.
Punto y final de esta provechosa y corta ruta de media jornada para los ojos, mente y cuerpo y que sabiamente le hemos arrancado a la naturaleza. Momentos que ahora dejo como muestra y ánimo, y como motivo para siempre de vuelta.
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- Accesos: Desde Granada con dirección Motril, por la A-44 y salida 153, hasta Cónchar (30 km. aprox.) en vehículo. Regreso: viceversa
- Itinerario: Cónchar, Melegís, Cónchar.
- Trayecto: circular
- Distancia recorrida: 15 km.aprox.
- Número de Participantes: 9
- Dificultad: Baja
- Duración: 4 h. 1/2 (incluidos descansos y parada)
- Agua: en los 2 pueblos visitados.

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